lunes, 14 de noviembre de 2016

Mi primer tratamiento de fertilidad: la estimulación ovárica.

El SOP es una puñeta. No es nada nuevo. Todo lo que provoca es un auténtico rollo, aunque, en principio, podemos (casi) acabar con la mayoría de sus síntomas tomando el camino adecuado: dieta, ejercicio, suplementos... todo tiene que ver con la pérdida de peso y la dieta baja en índice glucémico. De esto os hablaré en otro momento, porque da para 3 libros.

En ciertos casos el SOP se manifiesta de una forma mucho más severa. Esto ocurre sin causa conocida, es decir, si te toca es porque te ha tocado, sin más. En estos casos, puede que los niveles hormonales no sean capaces de normalizarse con las medidas más "light" y haya que dar otro paso. En mi caso, el principal problema que me ha generado este síndrome es la anovulación. Es decir, que nunca ovulo, y cuando digo nunca, es nunca. Y esto es un problemón, sobre todo cuando quieres ser madre. Por suerte, existen medicamentos que pueden ayudarnos a ovular, y combinándolos con un estricto control médico y la orientación de las relaciones sexuales, se podría lograr el embarazo.

El primer fármaco al que se suele recurrir, tanto por su sencillez como por su precio, es el Citrato de Clomifeno, más conocido por su nombre comercial: Omifín. Yo lo llamaría San Omifin, somos muchas las que nos hemos encomendado a él en esta búsqueda.

omifin estimulacion ovarica

¿Cómo actúa el Omifín? Esto es importante: no son hormonas, no es un tratamiento de inducción directa, como otros fármacos más caros y complejos de manejar. El Omifin actúa sobre nuestro eje hipotálamo-hipófisis (que es lo que las chicas con SOP tenemos escacharrao) "manipulándolo" para que produzca correctamente las hormonas FSH y LH que darán lugar a uno o varios óvulos maduros.

¿Quién puede tomar Omifín? Lo primero y más importante, es que el Omifín te lo tiene que preescribir un ginecólogo. SIEMPRE. Sé que podemos estar desesperadas, que puede ser difícil dar con un buen profesional dispuesto a llevarte este tratamiento, pero son muchos y muy serios los riesgos que podrías correr. Este fármaco está recomendado para mujeres con trastornos ovulatorios, SOP, insuficiencia ovárica o ciclos irregulares. Cuándo vayas a tu médico, él deberá realizar unas pruebas antes de nada:

  • una analítica hormonal y una ecografía pélvica que determinarán la razón por la cual podrías no ovular correctamente. Además descartará otras patologías no compatibles con el uso del Omifín, como por ejemplo los quistes ováricos (no confundir con los folículos que tenemos las chicas con SOP). 
  • tu pareja tendrá que hacerse un seminograma para descartar que él tenga problemas con sus bichitos. 
  • en algunos casos, también te pedirán una histerosalpingografía, que comprobará la permeabilidad de tus trompas de falopio. Puesto que el tratamiento con Omifín es bastante suave, puede que tu médico comience el tratamiento antes, y si tras unos intentos no se ha logrado el embarazo, realizar esta prueba para descartar una obstrucción en las trompas.
¿Cómo se toma el Omifín? Lo sencillo del Omifín, es que son pastillas; en cada caja vienen 10 comprimidos de 50mg. Tu médico te pondrá una dosis para empezar, que podrá modificarse en el curso del ciclo, o rectificarse para ciclos sucesivos. A mí me recetó 100mg/24h, así que me tomaba dos comprimidos al día, del día 3 al 7 del ciclo. El ginecólogo pautará una serie de ecografías para controlar la evolución y crecimiento de los folículos, y en base a esto programará las relaciones sexuales. Además, te pedirá que controles tu ovulación con test, que deberás comenzar a hacerte a partir del día 10 del ciclo. Entre las ecografías y los test de ovulación, deberíamos dar con el día exacto para mantener relaciones y dar en la diana.

¿Se ovula siempre? No, así de claro. Cada cuerpo es un mundo, y puede costar dos o tres ciclos dar con la dosis adecuada para cada una. Puedes obtener la respuesta esperada, o una demasiado baja o excesivamente alta. La tasa de éxito en este tratamiento es de un 10-15% de posibilidades de embarazo por cada ciclo. El máximo de ciclos recomendados de inducción a la ovulación con Omifin es de seis. Si no funcionara, habría que plantear otras opciones de reproducción asistida como la Inseminación Artificial. 
  • Hay un bajo porcentaje de pacientes que no responde al Omifín. Si tras aumentar la dosis durante varios ciclos no se consiguiera la respuesta esperada, se suspendería el tratamiento. Pero tranquilas, hay otras opciones.
  • Hay otro pequeño porcentaje de mujeres quienes responden de manera exagerada. Esto es bastante raro con el Omifín, pero podría ocurrir. Te prohibirán tajantemente las relaciones sexuales sin protección hasta nuevo aviso, nadie cuerdo quiere un embarazo de quintillizos. En el siguiente ciclo pautarán una dosis más baja, o un tratamiento hormonal alternativo más controlado. 
  • Hay quienes responden con uno o dos folículos de tamaño adecuado pero no terminan de romper y desencadenar la ovulación; en estos casos el ginecólogo podrá prescribir un tratamiento hormonal complementario, el Ovitrelle es el rompe-folículos más habitual. 
¿Cuáles pueden ser los efectos secundarios del Omifin? Como todo tratamiento que tenga que ver con nuestro ciclo hormonal, los efectos secundarios pueden hacerse notar. Pueden ser: cambios de humor, cansancio, náuseas, mareos o dolores abdominales. Yo sólo sentí que estaba más sensible. También el endometrio podría verse más fino; lo bueno de las ecografías de seguimiento es que esto se ve con mucha claridad, y podrían pautarte progesterona vía vaginal tras la ovulación para engrosarlo y facilitar la implantación.

En mi caso he sido súper afortunada aunque no haya conseguido preñarme aún, en mi primer ciclo conseguimos un solo folículo que rompió y ovulé a día 15 de ciclo. Mantuve relaciones el día que el test de ovulación dio positivo, y a partir de ahí cada 48 horas. A 14 días postovulación me realicé una beta en sangre que, desgraciadamente, dio negativa. Pero no me voy a quedar sólo con lo malo. Tras dos años de horror, he conseguido ovular, y eso me emociona enormemente.

Me gustaría conocer las experiencias de más chicas en esta situación, no dudéis en comentar, y contar cómo os ha ido a vosotras, si lo habéis conseguido o cómo lo estáis llevando.

sábado, 15 de octubre de 2016

Cómo me afecta el Síndrome de Ovarios Poliquísticos

Hace menos de un año que lo tengo diagnosticado. Es increíble, pero es la verdad, y eso que es una afección bastante sencilla de reconocer, y más cuando los síntomas se presentan tan claros como en mi caso.

El primer y principal síntoma del Síndrome de Ovarios Poliquísticos (SOP) son los ciclos irregulares. Reglas caprichosas que van, vienen y desaparecen por meses.

Recuerdo cuando en el colegio nos dijeron que el ciclo de la mujer tenía relación con los ciclos lunares, y que había grupos de mujeres a las que se les sincronizaba la regla al pasar mucho tiempo juntas. Nunca he podido evitar tener envidia y verme como un bicho raro; siempre he sentido una especie de desconexión con esa parte de mi "yo femenino".

Nunca he sido una chica excesivamente velluda. Cierto es que el vello me comenzó a salir muy niña por axilas, pubis y piernas, pero mas allá de la precocidad, nada alarmante. A partir de los 16 años empecé a ver pelitos que iban apareciendo en lugares más inoportunos. Me asusté bastante el día que descubrí vello junto a la areola, en el pecho, que ahora, al dejar los anticonceptivos orales se han cuadruplicado en cantidad y grosor. Las matas de pelo salvajes se han ido adueñando de pequeñas porciones de mi cuerpo de una forma aparentemente aleatoria: la tripa, empeines y dedos de los pies, barbilla, canalillo... un cuadro.

Pero bueno, si todo el problema fuera el vello, tendría fácil solución. Pero no. Cuando tus hormonas están haciendo lo que no deben pasan más cosas. Por ejemplo, el colesterol tiende a estar por encima del límite aconsejable aunque lleve una buena dieta. Llevar una buena dieta se me hace muy cuesta arriba, porque mi cuerpo quiere hidratos. Azúcar a todas horas. Pero sobre todo por la noche. Mis células reclaman la energía que no les llega, porque la resistencia a la insulina impide que los azúcares se asimilen.

Y esto me lleva al cansancio. Vivo agotada. Cuando mantenía todo este desaguisado a raya con las anticonceptivas tenía energías para llevar mi día a día de una manera normal. Pero ahora todo es cuesta arriba. Tengo ganas, pero no tengo fuerzas. Siento que mi cabeza va a mil, pero mi cuerpo no es capaz de cogerle. ¡Con lo que yo era!

Y de la suma del aumento del apetito, la nula asimilación de hidratos y el cansancio, ¿que sale? ¡Bingo! El aumento de peso. Soy una mujer alta, y de cría siempre fui demasiado delgada. Al destapar el SOP, comencé a coger kilos. Grasa localizada en tripa y muslos. En estos meses he cogido 10 kg, de los que ya me he quitado 3. Poco a poco, voy haciendo pequeños cambios en mi dieta.

Pero lo peor de todo, lo que más me ha afectado, ha sido el no saber qué hacer. Desde el principio de la adolescencia, y sobre todo desde que comenzamos la búsqueda de nuestro bebe, he consultado mil veces, a muchos médicos, qué es lo que me pasa. No sé si ha sido mala suerte, si es que he dado con doctores que desconocen el SOP, o si es que la desgana de tener que pedir e interpretar una analítica de sangre les ha impedido hacer un diagnóstico.

Desde un "estás obsesionada y así no te va a bajar la regla", a un "eso es que tienes depresión" y pasando por el "relájate y te preñas", he tenido que escuchar de todo. No se me tomó en serio cuando yo sabía que algo no funcionaba bien.

Cuando me lo dijeron por primera vez, una ginecóloga muy atenta y amable a la que estaré eternamente agradecida (y que cuando consiga quedarme embarazada volverá a tenerme por su consulta), no pude evitar echarme a llorar en su consulta.

Lloré la pena al saber que esto dificultaba bastante el ser mamá. Pero sobretodo lloré la rabia de no haber sabido nada hasta ese momento, de no haber podido hacer tomado decisiones por ir a ciegas, de haber llegado a pensar que todo era por mi culpa.

viernes, 14 de octubre de 2016

Cómo descubrí que soy estéril

Cuando V y yo nos pusimos al lío para buscar al bebé, lo primero que se nos ocurrió fue pedir consejo al médico, analíticas para ver que no tenia ninguna carencia de vitaminas... lo normal. Yo tomaba la píldora anticonceptiva de manera intermitente desde los 16 años. Me la recomendó un ginecólogo...

Esto... rebobinemos.

Mi periodo llegó cuando yo tenía 11 años. Mis reglas nunca fueron normales. Un mes si, tres no, luego 2 en el mismo mes. Mi madre, preocupada, me llevó al médico. Nos dijeron que era algo normal al principio, que cuando mi cuerpo se acostumbrara al ciclo hormonal, se estabilizaría. Pasaron años, y todo seguía igual o peor, y decidimos ir al ginecólogo al que mi madre iba desde siempre. Tras una ecografía, me recomendó que tomara la píldora para corregir mis ciclos. Un año. No me dio más información. Todo era normal, y la píldora sería mi solución.



Comencé a tomarla; mantenía relaciones sexuales, pero yo nunca utilicé la píldora como un anticonceptivo. Cada 28 días, cual reloj, me bajaba la regla. Qué alivio. Cuando hubo pasado un tiempo, dejé de tomarla para comprobar si había funcionado, y si por fin mi cuerpo haría igual que el de mis amigas. Pero no.

Comencé mi etapa universitaria, y ya viviendo en Madrid consulté con mi nueva doctora qué podía hacer. Me preguntó si quería ser madre; en ese momento claro que no. Así que la solución estaba clara: vuelve a tomar la píldora. La verdad es que con ella me encontraba mejor, el acné se limitaba a un granito en la barbilla antes de la "regla", menos vello, pelo menos graso...

De vez en cuando, dejaba descansar a mi cuerpo de pastillitas. No me daba buen rollo. Andaba con la mosca detrás de la oreja. No conocía a nadie más que necesitara de la píldora para que su cuerpo funcionase. Pero ningún médico me lo desaconsejó en ningún momento. Al comenzar mi relación con V, ya no tuvimos que preocuparnos de métodos anticonceptivos. La píldora se encargaría de ello, ¿no?

Y llegamos a ese momento, hace ahora 21 meses. Lo vimos claro, queríamos un bebe, ser papás. Mi medico de cabecera nos dijo que eramos muy jóvenes, que no tendríamos problemas, que era demasiado pronto para pedirme analíticas (¡¿what?!) y que lo único que teníamos que hacer era follar mucho (¡no me digas, pensaba que se encargaban a París!), con esas mismas palabras. Si en un año no lo habíamos conseguido, habría que volver.

Dejamos los anticonceptivos, y nos pusimos a ello. Y como ya sabía que pasaría, mis ciclos se volvieron locos. El primero 45 días, el segundo más de 70, el tercero perdí la cuenta, pero fueron más de tres meses. Me empecé a hinchar, a encontrar horrible, mucho sueño, desgana, dolor de tripa constante. Volví al médico. Sé que solo habían pasado 6 meses, pero esto no iba nada bien. Me dijo que me relajara, y para casa. Obviamente cambié de médico, pero seguían tratándome como a una loca obsesionada con bebés. Eso sí, ni una maldita analítica de sangre me hicieron.

Tras un ciclo de 6 meses, V y yo decidimos pasar a la acción. Me hice un seguro privado, por la pública parecía que me negaban cualquier tipo de asistencia. En menos de 15 días desde que me di de alta tuve mi diagnóstico. Como una patada en la cara.

Tengo Síndrome de Ovarios Poliquísticos. Desde siempre. No ovulo. Una ginecóloga cree que es probable que no haya ovulado nunca. Vamos a necesitar de la reproducción asistida para lograr quedarme embarazada.


Hola, Mundo!

Esta es mi historia.

Pongamos... que me llamo Estrella. Vivo en Madrid, y hace poco cumplí mis 29 otoños. Emprendedora. Loca de perros y gatos. Intento de cocinera, catadora casi-profesional. Me gustaría saber bailar, de momento hago lo que puedo. Dicen que soy muy apañá, la verdad es que soy bastante manitas: yo me lo guiso, me lo corto, me lo tiño, me lo coso, me lo monto, me lo pongo y me lo como.

Hace años mi camino se unió al de V, el amor de mi vida. Y hace casi 2 nos embarcamos en el proyecto más increíble de nuestras vidas: SER PAPÁS. Jamás hubiéramos pensado que iba a resultarnos una tarea difícil.